Todos los días, entre los 2 y los 5 años, Ramón Segistán cenaba con su abuelo Artemio Córdova sin imaginar que cuando se convirtiera en un adulto le produciría un álbum póstumo.

Luis Casal y la música de Artemio Córdova es la primera producción discográfica con temas de su abuelo.

“Pienso que si alguien ejecutaba sus piezas, lo hacía de oído porque nadie tenía sus partituras. Su música fue escrita para gente selecta; algunas composiciones se conocen y ejecutan, pero no se conoce a su autor”, opina Ramón Segistán, quien hoy es doctor.

De las creaciones de Córdova destaca su “buen gusto y creatividad musical respecto a las melodías y tonos utilizados para las composiciones”.

Como compositor diverso, Córdova pasó de la cumbia al punto y de allí a los pasillos y los danzones, tamboretes, mejoranas, puntos, polkas y vals con notable facilidad.

“Tenía la versatilidad para adaptar ritmos y géneros no comunes en sus composiciones, temas angelicales, bien ejecutados”, anota.

Ramón Segistán desconoce cuántas piezas compuso Artemio Peño Córdova a lo largo de su productiva carrera.

Luego de su muerte, “algunas cajas con sus composiciones estaban depositadas en la residencia de su hijo Medardo Córdova, las cuales con el pasar del tiempo sufrieron un franco deterioro, de las cuales recuperé, con apoyo de mi prima Olga Córdova, aproximadamente 200 piezas”.

Lamenta que haya quedado mucho material inédito del músico, pero “por el deterioro físico serían difíciles de recuperar las partituras”.