Hasta 2,000 ballenas jorobadas pueden darse cita en Panamá cada año entre los meses de julio y octubre, la temporada de cría y apareamiento de esta especie extendida por todos los océanos del mundo.

El archipiélago de Las Perlas, a unos 48 kilómetros de la costa del Pacífico panameño, es el sitio favorito de estos cetáceos, que pueden alcanzar hasta los 16 metros de longitud y un peso de 36,000 kilos en su edad adulta.

Las aguas cálidas y transparentes alrededor de las 39 islas y cien islotes son el paraje idílico para estos grandes mamíferos, que cada año recorren hasta 25,000 kilómetros en su recorrido migratorio, el más largo del que se tenga registro en su clase.

Las ‘jorobadas’ o yubartas (Megaptera novaengliae ) anuncian su llegada a las aguas panameñas con los acrobáticos saltos que dejan ver sus grandes aletas pectorales, que alcanzan una tercera parte de la longitud del cuerpo del animal.

Llegan en pequeños grupos, que se cree que son más estables durante el verano, por propósitos de protección de las crías o para el apareamiento, y se muestran juguetonas y despreocupadas, sin depredadores naturales en aguas que, además, son poco transitadas.

En Panamá, por decreto, se ha estipulado un ‘corredor seguro’ para las ballenas, en el que los barcos deben estar atentos y ‘ceder el paso’.

Lo que no se ha conseguido del todo, todavía, es que la autoridad vele por el cumplimiento de la norma, como la Ley 13 del 5 de mayo de 2005, por la que se constituye el Corredor Marino de Panamá para la protección y conservación de los Mamíferos Marinos, y la Resolución ADM/ARAP No. 01 del 29 de enero de 2007, que regla el avistamiento de cetáceos en las aguas jurisdiccionales panameñas.