Muy por encima del altar de la Capilla Sixtina en el Vaticano, la aureola del Cristo pintado por Miguel Ángel resplandece con una luz inédita, gracias a un nuevo sistema de iluminación, calificado de revolucionario.

Ángeles y demonios, apóstoles y profetas, antaño perdidos en una semioscuridad, regresan a la luz con 7 mil lámparas LED de bajo consumo, fabricadas especialmente para la capilla donde los cardenales eligen al Papa desde el siglo XV.

Igualmente se instaló una nueva climatización para proteger los frescos de la humedad y de los efluvios de los seis millones de visitantes que, cada año, admiran el techo pintado por el gran artista italiano entre 1508 y 1512.

Esta obra de renovación costó unos tres millones de euros, de los cuales 870 mil procedían de la Unión Europea. ‘Las bombillas LED tienen un espectro luminoso fabricado especialmente para estar en armonía con la pigmentación de los frescos y conseguir así que la luz respete su color original’, explicó Marco Frascarolo, uno de los responsables de Fabertechnica, una de las empresas implicadas en esta operación.