La celebración, hoy miércoles 22 de marzo del Día Mundial del Agua 2017, se centra en el ‘agua residual”, es decir, el agua derivada de residuos domésticos e industriales y que por consiguiente, ha sido contaminada.

El crecimiento de la población, la acelerada urbanización y el desarrollo económico han hecho que las aguas residuales generadas en los diferentes procesos y su contaminación asociada se aumenten globalmente.

La exponencial contaminación del recurso conlleva pérdidas importantes para los ecosistemas y los seres humanos. El uso de agua no potable, y las infraestructuras sanitarias pobres, ocasionan cerca de 842,000 decesos al año.

Pero hay oportunidades para la acción. El agua residual tratada de una forma segura es una fuente sostenible y asequible de agua potable y energía, así como para obtener nutrientes y otros materiales recuperables.

En este campo, la innovación tecnológica, asociada a buenas prácticas de gestión y gobernanza del agua, puede ser fuente económica y de trabajo para muchos sectores de la población.

Quiero destacar hoy los esfuerzos que llevan a cabo los Estados Miembros de la OEA en la conservación, protección y uso sostenible del agua para garantizar la seguridad hídrica del planeta, y en particular el esfuerzo pionero que realiza la República de Panamá, donde hoy el Presidente Juan Carlos Varela lanza el Plan Nacional de Seguridad Hídrica, “Agua para todos”, que cuenta con 560 acciones y proyectos con una inversión cercana a los 11,000 millones de dólares.

Habitar en un continente con casi la mitad del agua del mundo nos obliga a ser ejemplo en su manejo. Su adecuada gobernanza, gestión integrada y conservación conducirá a vidas y recursos más limpios y saludables para todos.