Generalmente, los empleados del museo del Prado impiden que los visitantes toquen las obras.

Sin embargo, ahora observan cómo José Pedro González pasa sus manos por una reproducción de “La fragua de Vulcano”, uno de los cuadros más famosos de Diego Velázquez.

El visitante, de 56 años, pasea su mano por la silueta de Apolo, tocado con una corona de laureles, y sigue con el dedo los contornos de la toga del dios griego. “Hay muchas cosas que puedes descubrir”, dice González, que perdió la vista a los 14 años.

Este cuadro es una de las seis copias de lienzos de maestros como El Greco o Francisco de Goya, realizados por el museo del Prado para su primera exposición destinada a los ciegos.

Gracias a una pintura en relieve, que añade textura y volumen a los originales, los ciegos pueden hacerse una idea de las obras a través del tacto.

El Prado ha previsto escudillas para los perros lazarillos y una audio-guía aconseja la mejor manera de “ver” las obras.

“Me ha parecido fenomenal”, subraya González, que ya ha visitado varias veces la exposición “Hoy toca el Prado”, desde su apertura en enero y que muestra obras representativas y fáciles de reproducir en relieve, como parte de los esfuerzos que realizan los museos españoles para hacer más accesibles sus colecciones a los ciegos.