‘Árbol, buen árbol, ya he visto cómo truecas el fango en flor’, cantaba el poeta español Antonio Machado, en su ‘Poema del árbol’, en los primeros años del siglo pasado.

A estos maravillosos magos de la naturaleza, capaces de alimentarse de sus propias hojas y convertir los gases venenosos en oxígeno puro, reconoce también hoy la directora ejecutiva de la Asociación para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), Rita Spadafora.

‘Si lo permitimos, éstos pueden reducir el 20% de las amenazas relacionadas con el cambio climático, provocado mayormente por las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) que se generan en la producción de energía’, explica.

‘Los árboles absorben ese C02 y lo convierten nuevamente en oxígeno’, agrega, como recordando las lecciones aprendidas por los niños en la escuela primaria, que los adultos olvidamos tan a menudo.