Los anaqueles de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero  han quedado “bocachos”. Resulta que 42 de sus piezas maestras, libros de autores panameños, ahora son “reemplazados” por un vacío, gracias a que usuarios que solicitaron prestadas las obras no las han devuelto o las han sacado a hurtadillas una a una del centro depositario de textos más importante del país. 

La situación causa malestar entre los encargados de la labor de preservar la memoria nacional bibliográfica. Los libros de la sección Fondo Nacional (sala panameña) son considerados tesoros, no solo por su contenido, sino por la dificultad que representa conseguir textos originales que datan de varias décadas y que por tanto no se vuelven a imprimir en las editoriales. 

La isla mágica , del célebre escritor Rogelio Sinán , ganador del premio Ricardo Miró , es una de las perlas de la literatura istmeña que encabeza la lista de obras físicas desaparecidas de las estanterías de la biblioteca.

Esa serie de anomalías, llevó a la Fundación Pro Biblioteca Nacional de Panamá a emitir un comunicado público el pasado 1 de junio, en el que determinaba que todo el material de la colección nacional solo podrá ser consultado en la sala, haciendo alusión a que las políticas de préstamo han sido quebrantadas por algunos usuarios dejando “gravemente afectado” el archivo bibliotecario.

De esta forma, queda prohibido el préstamo para el domicilio, que era una de las facilidades que ofrecía la entidad cuando se trataba de ejemplares con existencia plural.

La medida podría ser aplicada de forma temporal, si con el anuncio, los libros desaparecidos retornan por voluntad de los usuarios a la biblioteca. 

Otras de las previsiones es incrementar la multa a los usuarios que exceden el plazo de entrega de los libros, ya que actualmente se cobran solo 10 centavos al día por los retrasos en la devolución de los textos.