Según un informe de la Comisión Europea, gran parte del continente europeo se ha visto afectado en junio y julio por una grave sequía, una de las peores desde la ocurrida en el verano de 2003.

La sequía, que perjudicó sobre todo a Francia, Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), Alemania, Hungría, la República Checa, y el norte de Italia y de España, estuvo ocasionada por la prolongada falta de lluvias desde abril y unas temperaturas excepcionalmente altas.

Según han revelado imágenes del satélite, en junio la sequía ya había afectado a la humedad del suelo y la vegetación.

Las zonas con mayor carencia de precipitaciones registraron igualmente temperaturas máximas diarias mucho más altas de lo habitual.

En toda la región del Mediterráneo, y sobre todo en España, la ola de calor fue incluso más larga que la de 2003, con máximas diarias de más de 30 grados centígrados durante lapsos de 30 a 35 días.

Mientras que el turismo, la viticultura o la energía solar se beneficiaron de estas condiciones inusuales, muchos sectores ecológicos y productivos se han visto aquejados por las restricciones de agua, las pérdidas agrícolas, las interrupciones del transporte fluvial, y el aumento de los incendios.

Para aminorar el impacto negativo de la sequía, es necesario que llueva de forma urgente en los próximos meses.