El musicólogo y director de orquesta Alberto Zedda falleció ayer lunes en Pésaro a los 89 años, según ha confirmado el Teatro Real , donde dirigió tres óperas. Nacido en Milán en 1928 , Zedda estaba considerado una de las mayores (si no la mayor) autoridades mundiales en la obra de Gioachino Rossini (1792-1868), del cual dirigió numerosas piezas, publicó la edición crítica completa de sus óperas y sobre el cual reflexionó en numerosos escritos, reunidos recientemente en el libro Divagaciones rossinianas (Turner).

Con motivo de la publicación de aquel volumen, Zedda habló con el diario El Mundo de España y resumió su trabajo de investigación sobre la obra del autor de Tancredi : “Descubrí un Rossini sumergido, que tenía una forma de comunicación moderna . Fui el primero que dijo que el silencio rossiniano no era, como todos pensaban, porque su música era demasiado antigua respecto al mundo romántico que estaba surgiendo. Era una música abstracta, que hablaba con una simbología típicamente contemporánea : el nonsense , el juego, la ambigüedad…” Y he ahí, según sostenía, el misterio de Rossini: “Cómo es posible que una misma música pueda servir indistintamente para sufrir y disfrutar”.

A Zedda le gustaba Rossini “como resultado general, me gusta el filósofo Rossini. Para él, el hedonismo sirve para llegar a la gran espiritualidad e incluso a Dios, llegado el caso. Su modernidad consiste en que es un libertino espiritual emparentado con Nietzsche “.

Pero su pasión por la música fue más allá de su compatriota: también se dedicó a Verdi, Bellini, Vivaldi, Händel o Donizetti . Una pasión cuyo secreto, según él, era “por una parte, haber encontrado la música de adulto y no de niño, y por otra parte, haberla descubierto a través del amor”.