Unos 500 campesinos desfilaron ayer domingo con enormes arreglos florales a cuestas por las calles de la ciudad colombiana de Medellín para revivir una tradición de más de medio siglo y cerrar con colorido la edición 59 de la Feria de las Flores.

Los descendientes de antiguos cargueros dejaron por unas horas las montañas del departamento de Antioquia, del que Medellín es su capital, para culminar con el Desfile de Silleteros el evento cultural que convierte cada año en un jardín a esta urbe del noroeste de Colombia.

“Este desfile nos invita a preservar esa tradición y a volver a lo nuestro, pues los silleteros son el corazón, el alma y lo más lindo de esta feria”, dijo a Efe la secretaria de cultura de Medellín, Amalia Londoño.

Previo al encuentro con las más de 800,000 personas que acompañaron el recorrido de 1,8 kilómetros, las mejores silletas fueron premiadas en las categorías emblemática, monumental, tradicional, comercial, júnior e infantil.

De a poco fueron llegando los arreglos florales y los silleteros a la zona de juzgamiento para empezar un ritual entre creador y obra.

Mimos a las flores, ajustes y relatos vienen y van horas antes del momento más sublime del festejo, que engalanan con sus mejores trajes los campesinos.

“Las silletas no se pueden rociar porque el agua las quema”, explicó Carlos Grisales, artesano y floricultor, que hacía esfuerzos por mantener con vida su arreglo floral ante los 29 grados que tuvo hoy Medellín.

Esta tradición, declarada Patrimonio Inmaterial y Cultural de la Nación en 2015, tuvo en Blanca Rosa Atehortúa a una digna exponente.

Ella, con su silleta “Un árbol es un habitante más”, ganó el codiciado “Premio absoluto” y generó con su creación una reflexión sobre el cuidado de la naturaleza.

“Ha sido una experiencia muy linda y un orgullo que reconozcan este trabajo hecho en familia; esta es una tradición que nos dejaron los abuelos”, dijo Atehortúa, quien elaboró un arreglo de 80 kilogramos de peso con flores que cultiva en su finca, como la “vira-vira”.