Cada cierto tiempo nace un best seller . Esos libros de los que todos hablan y las casas productoras se pelean por tener sus derechos cinematográficos. En su tiempo lo fue El código Da Vinci del estadounidense Dan Brown, y uno de los más recientes, 50 sombras de Grey de la británica E. L. James. Ahora es el turno de La chica del tren, de la igualmente británica Paula Hawkins. Un thriller psicológico que es casi imposible no comparar con Pérdida , de la norteamericana Gillian Flynn.

Rachael, quien tiene problemas con el alcohol, atraviesa una difícil situación y además está vinculada en un posible asesinato. Ahora debe hallar respuestas que la salven, tratando de evitar que su vida se termine de desmoronar.

A través de sus protagonistas, Hawkins habla sobre vidas insatisfechas, la constante búsqueda de la felicidad y cómo una meta de posible realización personal puede tener distintos efectos en cada individuo.

Una historia , contada en primera persona y desde tres puntos de vista distintos, que retrata la debilidad y miseria de sus personajes, que se aferran a lo único que creen podrán salvarlas: la ilusión del amor hacia alguien.