La idea es que la energía solar producida por la carretera sirva para alimentar el alumbrado público, los sistemas de tránsito, los automóviles eléctricos y las viviendas. Se estima que el 20% de las carreteras holandesas podrían convertirse en solares.

Además, los materiales empleados son lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de un camión. Este primer tramo, alcanzará para darle electricidad a tres hogares.

La ciclovía está compuesta por varias filas de celdas solares de silicona contenidas en módulos de concreto. Estos están cubiertos por una capa traslúcida de vidrio templado y un material que genera fricción para evitar accidentes. Asimismo, se procuró que tuviera una pequeña pendiente para que la lluvia pueda limpiar la suciedad acumulada y mantener así la superficie limpia, de forma tal que obtenga la máxima exposición posible a la luz del sol.

En este primer prototipo las celdas solares fueron colocadas solamente en una de las direcciones de la carretera. La otra mano será usada para probar distintos materiales. A pesar de que estas carreteras representan un enorme avance, todavía hay muchas cosas que mejorar.

En primer lugar, la ciclovía no puede construirse en un ángulo en dirección al sol, de manera que recibe un 30% menos de energía que los paneles colocados en los techos.

Además, su construcción requirió de 3 millones de euros, lo cual la vuelve extremadamente cara.