A partir de este jueves la Tate Britain dedica una exposición a las obras de David Hockney, en la que muestra la prolífica carrera del artista británico y su capacidad para explorar los nuevos soportes a lo largo de más de 5 décadas de trabajo.

Considerado el pintor británico vivo más relevante, esta ambiciosa retrospectiva, la mayor que se hace de Hockney (Bradford, 1937) desde 1988, ha contado con la ‘implicación’ total del artista, que a sus 79 años muestra un entusiasmo idéntico al que engatusó al público cuando todavía era un estudiante en el Royal College Of Art.

De hecho, de esa época, en la que se impregnó de influencias variopintas e incluyó coqueteos con la abstracción, se pueden contemplar en la Tate Britain obras raramente exhibidas al público como ‘The Third Love Painting’, parte de la serie ‘Love’, en la que explora la relación entre los hombres.

Según explicó Helen Little, una de las comisarias, ‘uno de los aspectos que más revelan de la exposición es su capacidad para ver cómo las diferentes ideas y las maneras distintas que tenía de explorar los nuevos soportes a lo largo de las décadas siempre convergen en el siguiente paso’.

Little considera que Hockney ‘atraviesa ahora un momento muy interesante en su vida y a sus casi 80 años continúa trabajando en su estudio cada día, tan prolífico como siempre, produciendo numerosos dibujos con su iPad’, un soporte cuyas aplicaciones pictóricas emplea frecuentemente para crear.

El visitante puede recrearse con ‘clásicos’ de Hockney como ‘Play Within a Play’ (1963), una obra basada en la fotografía de un amigo del pintor, John Kasmin, y en la que se mueve entre la realidad y la ilusión; o ‘Rubber Ring Floating In a Swimming Pool’ (1971), en el que recrea una fotografía.

A partir de 1964, el británico vivió en Santa Mónica (EE.UU.), donde encontró la luz que no hallaba en Inglaterra; y fue en Los Ángeles donde se propuso crear ‘una identidad pictórica’ de esa ciudad, cuya geometría le fascinó, según explicó otro de los comisarios, Chris Stephens.