El nombre de Artemisia Gentileschi deja con cara de póker a la mayoría. No obstante, sus obras difícilmente pasan desapercibidas incluso para el más profano en arte, y su historia personal estremece a cualquiera. Por algo, a Artemisia (1593-1653) se la conoce como la Caravaggio femenina. Sus cuadros parecen pintados por la mismísima mano de Michelangelo Merisi, y se convirtieron en referencia para otros artistas en una época en que la pintura era sólo un mundo de hombres, y a pesar de que ella había sido violada y humillada. Vapuleada públicamente.

El Palacio Braschi, de Roma, acaba de inaugurar un monográfico sobre Artemisia que, a diferencia de otras exposiciones que se han efectuado sobre ella, compara su obra con la de otros pintores contemporáneos de su época. Y sí, como era lógico suponer, la pintora del Seiscientos bebió del trabajo de otros artistas. Pero lo más llamativo de todo es que muchos artistas de su tiempo igualmente se inspiraron en ella.

«El hecho de que abusaran sexualmente de Artemisia marcó su vida y su carrera», opina Nicola Spinosa, uno de los comisarios de la exposición. «A partir de entonces, la artista quiso demostrar que ella no era inferior a ningún hombre y que estaba a su mismo nivel», agrega el comisario.

Según Spinosa, eso explicaría que Artemisia fuera la primera mujer de su tiempo que se dedicó al arte del pincel y no tuvo reparos en relacionarse con sus coetáneos varones, en vez encerrarse entre cuatro paredes como hicieron otras pintoras. «Por ejemplo, Lavinia Fontana también fue una gran artista, pero permaneció aislada, en su casa», manifiesta Spinosa.

Y es que la pintura era un mundo tan sumamente masculino en aquel entonces que el acceso a las academias profesionales de Bellas Artes estaba vetado para las mujeres: sólo se podían inscribir los hombres. Por eso, Orazio Gentileschi, el padre de Artemisia -también pintor y seguidor de la escuela romana de Caravaggio-, decidió buscar un instructor particular para su hija, dadas las grandes dotes artísticas de la joven. A los 17 años, Artemisia ya pintó su excepcional obra Susana y los viejos.

Lo que Orazio no se imaginaba entonces es que el maestro que eligió para su hija, Agostino Tassi -en teoría una persona de confianza con quien él trabajaba-, acabaría violando a la chica. «Me metió una mano con un pañuelo en la boca para que no pudiera gritar, y las dos rodillas entre mis piernas y empezó a empujar», relató Artemisia en el proceso judicial, según los documentos de la época.