Miles de residentes del norte chileno amanecieron el jueves en las calles, aterrados por un terremoto de magnitud 8.3 seguido de unas 30 réplicas que remeció el centro norte del país, causando 10 muertos y obligando a evacuar a más de un millón de personas. 

El ministro del Interior, Jorge Burgos, elevó a media mañana la cantidad de víctimas mortales de ocho  a diez personas, una cifra que calificó de “baja, muy baja” en relación con otros “fenómenos de esta magnitud”.

La presidenta Michelle Bachelet, quien viajó al norte y tiene previsto recorrer en las próximas horas algunas de las zonas más afectadas, manifestó que la participación del gobierno en las actividades conmemorativas de la independencia se limitará al oficio religioso y desfile militar del sábado.  

Illapel, 280 kilómetros al norte de Santiago, el puerto de Coquimbo y la vecina localidad de Tongoy, 430 kilómetros al norte, fueron las zonas más afectadas por el terremoto y el posterior tsunami que en la caleta de Tongoy penetró 500 metros tierra adentro. El gobierno las declaró zonas de catástrofe para facilitar el envío de fondos. 

El alcalde de Illapel, Denis Cortés, expresó a The Associated Press que “la locomoción paró debido a los derrumbes, tenemos muchos cables cortados, muros caídos, el cementerio en partes destruido y muchas tumbas abiertas por lo cual tenemos una emergencia sanitaria”. 

Cortés estimó que unos 10 mil de sus 35 mil habitantes resultaron afectados. “Estábamos preparados para recibir nuestras fiestas patrias. (Era) una ciudad embanderada, a punto ya de comenzar un campeonato de cueca (el baile típico chileno). Y minutos antes de empezar, teniendo nuestra plaza llena, llegó el terremoto y se transformó en un tema de histeria… Mucha gente desmayada, un caos total”, dijo el alcalde a AP.