Desde ayer el Museo del Prado expone un boceto de Diego Velázquez inédito hasta la fecha. La pieza, que ha pasado a llamarse el Retrato de Felipe III , fue donada por el hispanista e historiador del arte norteamericano William B. Jordan a la institución American Friends of the Prado Museum luego de  adquirirla en una subasta en Londres en 1988 como el Retrato de Don Rodrigo Calderón . La pieza cuelga ahora enmarcada en verde oscuro y oro junto a Las Meninas de forma temporal prorrogable, tras 30 años en casa del historiador.

“Jordan la compró ya con la mosca en la oreja. Sospechaba que los de la casa de subastas se equivocaban y estaba en lo correcto”, explica Christina Simmons , patrona de la institución norteamericana. Lo cierto es que William B. Jordan tiene en su haber un historial muy extenso como experto en la pintura española de principios del siglo XVII. Además de sus estudios sobre la naturaleza muerta y los bodegones, es también un especialista en la pintura barroca de Juan van der Hamen y Juan Sánchez Gotán. Su relación con el pintor sevillano se remonta muchos años atrás, llegando incluso a ayudar en la compra de cuatro obras de Velázquez para distintos museos estadounidenses.

Una relación que iba de la mano con el interés de Jordan por el Museo del Prado, que visitó por primera vez en 1955, y en el cual cosecha amistades entre los últimos 30 directores de la institución. Esto hizo que se decidiera a entregarlo para que le ayudaran con la investigación, un proceso de autentificación llevado a cabo por Javier Portús y Jaime García-Márquez . “Ambos están seguros de la legitimidad del cuadro”. Son varios los factores que señalan la pertenencia del cuadro al mentor sevillano: los pigmentos, que coinciden con los usados por Velázquez durante 1623 y 1631; el tejido sobre el que se conforma el lienzo; la imprimación; la postura de la cara; la forma de los labios y la barbilla han sido clave para determinar que se trata de un boceto preparatorio del rostro de Felipe III. Un esbozo de enorme calidad que el artista realizó para la composición de La expulsión de los moriscos (1627) y que acabó en cenizas tras el incendio del Alcázar de Madrid de 1734.