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Provistos de una tablet por la que circulan miles de datos captados a tiempo real, los trabajadores de Bowery Farming se dedican, en un local gigantesco, a cultivar vegetales y hierbas aromáticas. Creada en 2015, la empresa con sede en Kearny, a pocos kilómetros de Nueva York, se ha sumado con éxito al sector en plena expansión de las granjas verticales, que se basan en las nuevas tecnologías para abastecer de productos frescos durante todo el año a poblaciones urbanas en pleno crecimiento. Los críticos reprochan a las granjas verticales el impacto medioambiental de su consumo de energía, por las luces y la ventilación, pero los defensores aseguran que se compensa por la poca utilización de agua, la ubicación próxima a los consumidores y la ausencia de pesticidas.

Otro tema de debate: «No alimentamos al planeta con ensalada», indica Paul Gauthier, investigador en ciencias vegetales de la prestigiosa universidad estadounidense de Princeton. Según Gauthier, es esencial seguir investigando para que sea rentable la producción en granjas verticales de alimentos más nutritivos y así poder hacer llegar, a corto plazo, productos frescos a las zonas donde hace falta, y a largo plazo alimentar a un planeta cada vez más poblado y afectado por el cambio climático.

AFP


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