Cuenta el libro del Génesis que Yahvé hizo caer una tempestad de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra como castigo por las perversiones de sus habitantes. Tras la ira divina, estas dos ciudades a orillas del Mar Muerto quedaron reducidas a sus cimientos. La terrible historia bíblica sirve para aleccionar a los pecadores, pero puede tener una base científica. Hace algunos años, investigadores de la Universidad de Bristol señalaban que la colosal catástrofe pudo suceder realmente por culpa del impacto de un meteorito, lo que además casa muy bien con un escarmiento llegado del cielo. Les puso tras la pista la lectura de una tablilla de arcilla escrita con caracteres cuneiformes que se exhibe en una de las salas del Museo Británico.
El arqueólogo Phillip Silvia, de la Trinity Southwest University, una institución cristiana en Albuquerque, Nuevo México (EE.UU.) ha llegado a una conclusión parecida. Según ha explicado recientemente en la reunión anual de las Escuelas Americanas de Investigación Oriental, su equipo ha descubierto evidencias de la destrucción causada por la explosión de un meteoro en la antigua ciudad de Tall el-Hammam, donde algunos sitúan la bíblica de Sodoma, hace unos 3.700 años. El impacto fue tan brutal que las paredes de adobe de casi todas las estructuras desaparecieron repentinamente, dejando solo cimientos de piedra. Según explica ScienceNews, la datación por radiocarbono y el estudio de unos minerales desenterrados que cristalizaron instantáneamente a altas temperaturas, indican que una explosión en la atmósfera destruyó instantáneamente la civilización en una llanura circular de 25 kilómetros de diámetro en el Ghor Medio, lo que ahora es Jordania. Ciudades y asentamientos agrícolas quedaron completamente destrozados, hasta el punto de que la población no pudo regresar a la región hasta 600 a 700 años después.
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