El domingo 23 de junio la Nasa hizo un anuncio que dejó a más de un científico desconcertado. A través de un breve comunicado reveló que el Curiosity, el rover que está explorando la superficie marciana desde 2012, detectó nuevamente metano en el planeta rojo. Se trata de la concentración más alta captada hasta el momento: un nivel de 21 ppb (partes por billón). “Un resultado sorprendente”, dijo la agencia espacial. El hallazgo merece ese calificativo por una razón: una de las fuentes de producción de metano puede ser la vida microbiana. Eso revive una vieja discusión: ¿Puede haber vida en Marte?

La pregunta, sin embargo, es apresurada. Como lo explica la Nasa, este gas también puede generarse a partir de las interacciones entre las rocas y el agua. Infortunadamente, “Curiosity no tiene instrumentos que puedan decir definitivamente cuál es la fuente del metano”, señala.

En otras palabras, como advirtió Paul Mahaffy, principal investigador de la NASA para el SAM (el laboratorio que lleva a bordo el Curiosity), “con las mediciones actuales no tenemos manera de decir si el metano es de origen biológico o geológico, o antiguo o moderno”.

El Espectador