Rodrigo Duterte, apodado como «el castigador» por su intolerancia con el crimen, promete resolver la inseguridad y la rampante corrupción de Filipinas de confirmarse los pronósticos y proclamarse vencedor en las elecciones presidenciales del próximo lunes.

Miembro de uno de los clanes políticos que gobiernan el archipiélago, Duterte, nacido la provincia de Leyte en 1945, es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas a pesar de que fue expulsado de dos colegios por mala conducta.

Recorrió durante una década distintos puestos en el consistorio de la ciudad de Davao, en la sureña isla de Mindanao, hasta que en 1988 accedió a la alcaldía.

Duterte, afamado por su carácter fuerte y directo que suele generar polémica, sirvió como regidor en Davao durante 22 años, en distintos periodos de tiempo debido a la limitación legales de no poder ocupar el cargo más de tres mandatos consecutivos.

Entre los méritos que se le atribuyen como alcalde de Davao, una ciudad de 1,4 millones de habitantes, destacan la notable reducción del crimen y el reconocimiento de los derechos de la minoría indígena lumad y la comunidad musulmana, un modelo de representación que luego copiaron en otras poblaciones de Filipinas.

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