Caravanas de familias venezolanas que condujeron durante horas ayer por rutas infestadas de bandidos cruzaron la frontera a Colombia en busca de los alimentos y medicinas que escasean en casa.
Por segundo fin de semana consecutivo, el autotitulado gobierno socialista de Venezuela abrió la frontera a Colombia, cerrada desde hace mucho tiempo.
A las 6 de la mañana, una fila de aspirantes a compradores surcaba todo el pueblo de San Antonio del Táchira. Algunos llegaron en autobuses fletados desde ciudades a ocho horas de distancia.
El Gobierno en Caracas cerró todos los cruces hace un año para reprimir el contrabando en la frontera de 2,219 kilómetros. Sostenía que los especuladores causaban escasez al comprar alimentos y gasolina a precios subsidiados en Venezuela para revenderlos a precios mucho más altos en Colombia.
Sin embargo, la carestía sigue creciendo en Venezuela, con inflación de tres dígitos, controles monetarios que limitan las importaciones e inversiones y el derrumbe de los precios del petróleo que financia el gasto oficial.
Alejandro Chacón, dueño de una ferretería en la población cercana de San Cristóbal y que cruzaba la frontera por primera vez desde el cierre estaba entusiasmado por la posibilidad de conseguir lo que quisiera en Colombia.
Funcionarios colombianos con camisas blancas recibían individualmente a los que cruzaban, la policía les ofrecía pastelillos y los parlantes emitían vallenatos.
Kioscos callejeros instalados por gente emprendedora que aceptaba moneda venezolana a cambio de bienes a precios muy inferiores a los que cobra el mercado negro.
“2014 Desde agosto de ese año, el Gobierno venezolano cerró todos los cruces fronterizos con Colombia”.