La lucha de África Occidental para contener el avance del ébola ha debilitado la batalla contra la malaria, una enfermedad prevenible y curable que está cobrando muchas más vidas que el temido virus.

En Gueckedou, cerca de la aldea en la que el ébola empezó a azotar en las selvas subtropicales del sur de Guinea hace un año, los médicos manifiestan que han tenido que dejar de pinchar dedos para análisis de sangre para detectar malaria.

La baja de hasta 40% en los casos reportados de malaria en Guinea este año no es una buena noticia, expresó el doctor Bernard Nahlen, vicedirector de la Iniciativa de malaria de la presidencia de Estados Unidos.

Dijo que la declinación casi seguramente se debe a que la gente tiene miedo de acudir a instalaciones de salud y no está siendo tratada por malaria.

«Sería un enorme fallo para todo el mundo involucrado que mucha gente muriese de malaria en medio de una epidemia de ébola», manifestó en una entrevista telefónica.

«Me sorprendería si no hubiese un incremento de muertes por malaria innecesarias en medio de todo esto, y muchas de esas muertes van a ser de niños».

Las cifras son siempre estimadas en Guinea, donde la mitad de los 12 millones de habitantes no tienen acceso a centros de salud y fallecen sin ser contados.

Unos 15 mil guineanos murieron el año pasado a causa de malaria, 14 mil de ellos niños menores de cinco años, según Nets for Life Africa , una organización caritativa basada en Nueva York dedicada a proveer mosquiteros tratados con insecticida a comunidades en África.

Por comparación, unas mil 600 personas han muerto en Guinea de ébola, de acuerdo con estadísticas de la Organización Mundial de Salud.

 

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