Dos años después de haber proclamado un califato en los territorios bajo su control en Siria y en Irak, el grupo terrorista Estado Islámico (EI) se ve cada vez más acosado por sus enemigos en multitud de frentes.

Pero a pesar de estar a la defensiva en su propio terreno, los yihadistas disponen todavía de capacidad para cometer terribles atentados fuera del califato, ya sea en Francia, Bélgica o Turquía, donde las autoridades sitúan al EI como principal sospechoso del ataque suicida contra el aeropuerto Atatürk de Estambul, en el que murieron 41 personas.

En Siria, en el último año, el EI ha visto cómo se ha reducido el espacio que domina del 50% al 30% del país, según datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

Esta pérdida de terreno se ha producido en los últimos meses por las ofensivas lanzadas por las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), una alianza kurdo árabe apoyada por Estados Unidos (EE.UU.), y el Ejército del régimen sirio, respaldado por la aviación rusa.

También en Irak, el grupo extremista se ve acosado en su bastión de Mosul y otras zonas del norte del país, donde irrumpió en junio de 2014 y donde Abu Bakr al Bagdadi, líder de la organización, apareció el 4 de julio para presentarse como ‘califa’.

El jefe del Comité de Seguridad del Consejo de la provincia septentrional de Nínive, de la que Mosul es capital, señaló a EFE que el poder del EI sobre el terreno se ha desvanecido en los últimos seis meses, al perder el control de amplias zonas a manos de las fuerzas iraquíes.

El golpe más reciente fue su expulsión de la ciudad de Faluya, uno de sus principales y estratégicos baluartes, a tan solo 50 kilómetros al oeste de la capital, Bagdad.

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