Luego de la aparición del primer caso autóctono del virus chikungunya, en la Florida, Estados Unidos, en julio pasado, y posteriormente en este mismo mes en Panamá, el Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian (STRI, por sus siglas en inglés) emprendió un estudio para examinar cómo la actividad humana propaga a su mosquito vector, las graves consecuencias que esto tiene en todas partes para la ecología de la enfermedad y lo que se puede hacer para combatir su proliferación.
Para acabar con los focos de los mosquitos transmisores del chikungunya (el Aedes aegypti y el Aedes albopictus ), en una publicación de PLOS Neglected Tropical Diseases del 08 de enero, el STRI sugirió a las autoridades sanitarias hacer campañas de fumigación más intensivas que las que se han estado realizando hasta el momento, porque las formas de propagación de estos insectos no son las mismas que el mosquito que solo transmite el dengue ( el Aedes aegypti ), a pesar de que éste igualmente puede ser un agente propagador del virus.
El científico José Loaiza, becario posdoctoral STRI y co-autor del estudio, expresó que el mosquito tigre depende de la red de carreteras para dispersarse.
Al respecto, el científico Matthew Miller, también investigador del STRI y autor principal del estudio, advirtió que esto se debe a que ‘el vector no se mueve orgánicamente a través del paisaje’, sino que se transporta de un sitio a otro resguardado en los distintos medios de transporte o cualquier elemento que le pueda servir de guarida. Es por eso que para prevenir que los mosquitos con el virus (especialmente el mosquito tigre) llegue a la Península de Azuero y Bocas del Toro en Panamá, donde aún no se ha detectado, ambos científicos recomendaron a las autoridades sanitarias fumigar los vehículos en los puestos de control ya establecidos a lo largo de Panamá para prevenir que el gusano barrenador, la larva de mosca carnívora que ataca al ganado, se propague desde Colombia a América del Norte.