Este 9 de enero se cumplen 62 años de los hechos ocurridos en 1964, una fecha que quedó grabada en la historia de Panamá como símbolo de la lucha por la soberanía y la dignidad nacional. Lo que comenzó como un conflicto en torno a la enseña nacional y el acceso al Canal de Panamá, se convirtió en un punto de inflexión que definió el rumbo político y social del país durante las décadas siguientes.

Aquella mañana, estudiantes panameños que protestaban por el derecho a izar la bandera nacional en la Zona del Canal, fueron repelidos por autoridades estadounidenses, dando inicio a enfrentamientos que dejaron varios muertos y heridos. Los hechos encendieron el sentimiento nacionalista y motivaron a la sociedad a reivindicar los derechos de Panamá sobre el Canal y sus símbolos patrios, catalizando años de negociaciones y cambios que culminaron con la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977.

Hoy, 62 años después, la fecha se recuerda no solo como una jornada de dolor, sino como un ejemplo de unidad y resistencia. Para historiadores y ciudadanos, el 9 de enero simboliza la capacidad de la sociedad panameña para defender sus derechos frente a la adversidad y la importancia de mantener viva la memoria de quienes dieron su vida por la patria.

En las calles y plazas del país, especialmente en la Ciudad de Panamá y en las instituciones educativas, se llevan a cabo actos conmemorativos, marchas y ceremonias, donde se rinde homenaje a los héroes del 9 de enero. Las nuevas generaciones participan para conocer la historia y aprender la lección de que la soberanía y la identidad se defienden con compromiso y unidad.

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Para historiadores como Rommel Escarreola, el legado del 9 de enero trasciende lo político y se convierte en una enseñanza social y cultural: “Nos recuerda que los jóvenes y la sociedad organizada pueden ser agentes de cambio, que la identidad nacional se construye desde la conciencia ciudadana y la acción colectiva”, señala.

A 62 años de aquel día, Panamá sigue recordando que la defensa de la soberanía y los símbolos nacionales no es solo un acto de memoria histórica, sino un pilar de la identidad y la unidad del país, y un recordatorio de que los derechos conquistados deben ser protegidos y valorados cada día.

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