Autora: Lorena Buzón, Directora de Asuntos Públicos para América Latina Hispanohablante en Tools for Humanity

Nunca habíamos estado tan conectados… ni tan expuestos. Hoy, para acceder a casi cualquier servicio en línea, desde abrir una cuenta en redes hasta usar una aplicación de citas, debemos probar quiénes somos. La confianza digital se ha construido acumulando datos y ese proceso tan cotidiano implica una cesión constante de información personal.

Paradójicamente, muchas de las acciones que tomamos para protegernos en línea son las que hoy nos exponen a nuevos retos. Cada vez que subimos una foto o compartimos un número de identificación oficial, dejamos fragmentos de nuestra privacidad en sistemas y plataformas que pueden ser vulnerables a filtraciones o hackeos. Cuanta más información personal está disponible, es más fácil suplantar a las personas, un riesgo que crece aceleradamente con el avance tecnológico.

Vivimos en una era en la que los datos son cada vez más valiosos y las consecuencias de una filtración son cada vez más graves. Según el Cyber Insights Report Panamá, durante 2024 los ciberataques semanales a organizaciones panameñas crecieron un 97%. El informe identifica al sector financiero y al industrial como los más afectados, con un promedio de 2,595 ataques semanales por organización. Entre las amenazas más comunes destacan el malware (32%), el ransomware (23%), los ataques a la cadena de suministro (19%) y el phishing (13%).

Empresas, gobiernos e individuos enfrentan un dilema común: ¿cómo autenticar en línea que una persona es un humano real o verificar aspectos como la edad o la nacionalidad sin poner en riesgo su privacidad? La respuesta viene, precisamente, del avance tecnológico que abre la puerta a opciones más privadas: pruebas de cero conocimientos o ZKP (zero knowledge proof) por sus siglas en inglés.

La autenticación basada en ZKP representa un enfoque prometedor que puede liberar a las plataformas de la necesidad de acumular documentos sensibles o dar información adicional a la que se le está pidiendo. Con esta tecnología, las personas pueden autenticarse de forma anónima en lugar de compartir datos personales cada vez que acceden a una aplicación o servicio. La ventaja de esta tecnología es que garantiza más privacidad para las personas, mientras fortalece la seguridad de las plataformas y devuelve el control de sus datos a los usuarios.

A diferencia de los métodos tradicionales de verificación, como el Know Your Customer (KYC), que recolectan información personal, esta tecnología permite comprobar hechos, como ser mayor de edad o ser una persona única y real, sin exponer datos sensibles. El sistema utiliza criptografía avanzada para generar una prueba matemática que confirma que se cumplen ciertos criterios sin transmitir información personal.

La verificación ocurre directamente en el dispositivo del usuario y la aplicación o el servicio recibe solo lo que necesita: una confirmación criptográfica de que se cumple el requisito, únicamente una señal de “sí” o “no”, nada más. Aunque algunos dispositivos de gama baja pueden no ser compatibles con ZKP, la tecnología utilizada sigue permitiendo ofrecer una prueba que preserva la privacidad y no revela datos personales. La información nunca se comparte con terceros ni abandona el dispositivo de la persona. Esta tecnología elimina la necesidad de la recolección de datos, al hacerla innecesaria desde el principio.

Una forma sencilla de entenderlo es imaginar que alguien quiere probar que conoce la salida de un laberinto, pero sin mostrarte el camino. Entra, da unas vueltas y sale justo por donde tú le pides, una y otra vez. Después de verlo hacerlo varias veces, estás convencido de que realmente sabe la salida aunque nunca viste cuál era. Esa es la esencia de una prueba de cero conocimientos: demostrar que sabes algo, sin revelar el secreto.

Las credenciales basadas en ZKP marcan una nueva etapa para la autenticación digital protegiendo la información personal y mejorando la seguridad. Los potenciales casos de uso son diversos, van desde probar humanidad y nacionalidad para acceder a subsidios o servicios locales, hasta verificar la mayoría de edad para usar aplicaciones de citas o videojuegos. Una innovación que redefine la confianza digital y devuelve a las personas el control sobre lo más valioso que tienen en línea: su privacidad.

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