La posibilidad de una negociación de Nicaragua con Estados Unidos ha pasado de ser una conjetura a una estrategia de supervivencia política. Tras la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo parece estar preparando el terreno para un acercamiento con Washington. Según un análisis del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) divulgado este lunes, el nombramiento del canciller Denis Moncada como encargado de negocios en la capital estadounidense es la señal más clara de este giro diplomático.
El factor Venezuela acelera la negociación de Nicaragua con Estados Unidos
Para el panameño de a pie, lo que ocurre en el vecindario centroamericano tiene un impacto directo en la estabilidad migratoria y comercial de la región. El informe del Cetcam subraya que la caída de Maduro dejó a los Ortega Murillo sin su principal aliado estratégico y financiero. Ante este vacío, la negociación de Nicaragua con Estados Unidos se presenta como la única vía para evitar un aislamiento total que hunda aún más la economía nicaragüense, lo cual podría desencadenar una nueva ola de refugiados hacia Panamá y Costa Rica.
Los analistas observan que la reacción de Managua ante los eventos en Venezuela ha sido «inusualmente comedida». En lugar de las habituales proclamas incendiarias contra el «imperialismo», el discurso oficial ha evitado aludir directamente a la Casa Blanca. Esta moderación sugiere que ya existen canales de comunicación abiertos que podrían cristalizar en una negociación de Nicaragua con Estados Unidos para garantizar una permanencia en el poder bajo condiciones menos hostiles.
China y Rusia: Aliados que no garantizan la permanencia
Uno de los puntos más reveladores del análisis es la decepción del sandinismo con sus aliados extra continentales. Ortega y Murillo habrían tomado nota de que ni China ni Rusia movieron un dedo para salvar a Maduro en su momento crítico. Al entender que no cuentan con el respaldo militar o económico de estas potencias para resistir una presión máxima, la negociación de Nicaragua con Estados Unidos se vuelve una necesidad pragmática antes que una opción ideológica.
La administración de Donald Trump, por su parte, busca «logros concretos» en Latinoamérica para fortalecer su posición política interna. Con las elecciones de medio término en el horizonte y la necesidad de figuras como Marco Rubio de exhibir triunfos diplomáticos, una negociación de Nicaragua con Estados Unidos podría ser el «eslabón fácil» en el entramado de la política exterior estadounidense. Washington tiene ahora la sartén por el mango para imponer condiciones de apertura democrática.
El dilema de la cúpula: Supervivencia o salida pactada
Dentro del círculo de poder en Nicaragua, los intereses podrían estarse dividiendo. Sectores del Ejército y empresarios cercanos al sandinismo ven con buenos ojos una negociación de Nicaragua con Estados Unidos que proteja sus patrimonios y garantice una sucesión administrada. El Cetcam plantea que incluso se baraja la posibilidad de una salida que no incluya a Rosario Murillo, buscando un rostro más aceptable para la comunidad internacional que permita levantar las sanciones que asfixian a la élite gubernamental.
No obstante, la propia Murillo podría verse forzada a aceptar las condiciones de Washington para mantener el control de la estructura de poder local. La negociación de Nicaragua con Estados Unidos no sería un acto de voluntad, sino de sometimiento ante la realidad de un entorno regional que ha cambiado drásticamente. Para Panamá, una resolución pacífica y negociada en el país vecino es vital para mantener la fluidez del comercio terrestre en el istmo.
Presiones de Washington y el futuro inmediato
Es altamente probable que las presiones aumenten en las próximas semanas. Con el nombramiento de Denis Moncada, los Ortega Murillo han enviado a un hombre de máxima confianza a la «boca del lobo» diplomática. La meta es clara: evitar el destino de Venezuela mediante una negociación de Nicaragua con Estados Unidos que les permita ganar tiempo o, al menos, evitar un colapso total del sistema que han construido durante décadas.
El escenario está servido para una partida de ajedrez geopolítico donde Nicaragua es la siguiente pieza en movimiento. Mientras tanto, la ciudadanía panameña y el resto de la región observan con cautela, esperando que cualquier negociación de Nicaragua con Estados Unidos priorice el retorno a la democracia y la estabilidad social, factores indispensables para frenar la crisis humanitaria que afecta a todo el continente.





