El Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí celebra 32 años como uno de los principales refugios de biodiversidad del Pacífico panameño, donde la conservación de ballenas, arrecifes coralinos y manglares impulsa también el turismo sostenible.

Cada año, entre julio y octubre, el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí se convierte en uno de los escenarios naturales más importantes de Panamá para la reproducción de las ballenas jorobadas, una especie que recorre miles de kilómetros desde aguas frías hasta el Pacífico panameño para dar a luz y criar a sus ballenatos.

Al conmemorarse 32 años de la creación del área protegida, el Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE) destacó la importancia de este parque como refugio para la fauna marina y ejemplo de conservación de los ecosistemas costeros.

Ubicado entre los distritos de David y San Lorenzo, el parque abarca unas 14,740 hectáreas, de las cuales cerca del 90 % corresponde a superficie marina. En su interior protege 44 islas, islotes y cayos, además de arrecifes coralinos, manglares, praderas marinas y fondos rocosos que sirven de hábitat para cientos de especies.

Uno de los sectores más importantes son las Islas Paridas, utilizadas por las ballenas jorobadas como zona de reproducción y crianza. Debido a su valor ecológico, las autoridades mantienen estrictas medidas para reducir el impacto de las actividades humanas durante la temporada de avistamiento.

El director regional de MiAMBIENTE en Chiriquí, Ernesto Ponce, señaló que el turismo representa una oportunidad para las comunidades costeras, siempre que se desarrolle bajo criterios de sostenibilidad que garanticen la tranquilidad de las madres y sus crías.

Para proteger a estos mamíferos marinos, las embarcaciones deben respetar una distancia mínima de 250 metros y limitar el tiempo de observación a 30 minutos cuando se trate de ejemplares adultos. Si hay ballenatos, el tiempo permitido disminuye a 15 minutos para evitar alterar su comportamiento.

Además del monitoreo de ballenas, MiAMBIENTE desarrolla investigaciones sobre delfines y aves marinas migratorias para conocer cómo fenómenos climáticos, como El Niño, podrían modificar sus rutas de desplazamiento.

Sin embargo, el verdadero motor ecológico del parque permanece bajo el agua. Los arrecifes coralinos funcionan como viveros naturales donde peces, crustáceos y numerosas especies encuentran alimento, refugio y áreas de reproducción, convirtiéndose en un elemento clave para la productividad pesquera del Golfo de Chiriquí.

Para preservar estos ecosistemas, el Plan de Manejo del parque regula actividades como la pesca artesanal, prohíbe los torneos de pesca y restringe prácticas que puedan afectar los arrecifes, como el uso de arpón o el fondeo de embarcaciones sobre las formaciones coralinas.

Las autoridades también realizan evaluaciones periódicas para conocer el estado de salud de los corales y detectar posibles impactos relacionados con el cambio climático, el blanqueamiento coralino o enfermedades que amenacen estos ecosistemas.

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A más de tres décadas de su creación, el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí se consolida como uno de los principales santuarios marinos del país, donde la conservación de la biodiversidad y el desarrollo del turismo responsable buscan garantizar la protección de uno de los patrimonios naturales más valiosos del Pacífico panameño.

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