Panamá enfrenta el reto de transformar su crecimiento económico en nuevas oportunidades de desarrollo mediante una mayor inversión en ciencia, tecnología e innovación.
Ese desafío fue puesto sobre la mesa durante el conversatorio “The Imperative of Innovation”, que reunió a empresarios, académicos, especialistas y representantes del sector productivo para analizar las condiciones que necesita el país para competir en una economía cada vez más basada en el conocimiento.
Uno de los principales puntos de preocupación es la baja inversión panameña en investigación y desarrollo. De acuerdo con cifras citadas durante el encuentro por Gloria Lugo, representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Panamá, el país destina cerca del 0.18 % de su PIB a I+D, mientras que el promedio regional ronda el 0.61 %.
A esto se suma una marcada participación del sector público en el financiamiento. Según Lugo, alrededor del 52 % de la inversión nacional en investigación y desarrollo proviene del Estado, mientras que la participación empresarial es inferior al 1 %.
Para los especialistas, aumentar la participación del sector privado será determinante para que la investigación pueda convertirse en nuevos productos, servicios y negocios.
El secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Eduardo Ortega Barría, planteó que Panamá tiene áreas estratégicas en las que puede incorporar tecnología para elevar su productividad. Entre ellas mencionó la inteligencia artificial aplicada a la logística, las tecnologías vinculadas al Canal y al manejo del agua, los semiconductores y la bioeconomía.
La discusión también puso énfasis en que innovación no significa únicamente inventar. El catedrático de la Universidad de Toronto, Dan Breznitz, explicó que el verdadero impacto económico surge cuando las ideas son llevadas a la práctica, mejorando productos, procesos, servicios y formas de comercialización.
El experto señaló que las economías modernas se integran a cadenas globales de valor mediante la especialización. En ese sentido, Panamá tendría la oportunidad de identificar sectores en los que ya posee ventajas y desarrollar capacidades tecnológicas que le permitan ocupar posiciones de mayor valor.
Como ejemplo de que ese proceso es posible en el país, Breznitz destacó la evolución del café de especialidad producido en Boquete y Tierras Altas, donde la innovación permitió transformar un producto tradicional y conquistar mercados internacionales.
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El planteamiento deja un desafío para Panamá: pasar de ser una economía que crece principalmente por sus ventajas logísticas y de servicios a una que también genere conocimiento, tecnología y productos de mayor valor agregado.
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