Ilda Salinas, de 57 años, recorre a diario los cafetales de su parcela en la Comarca Ngäbe-Buglé, en Panamá, donde se encarga de todo el proceso del café: cosecha, secado, pilado, tostado y molienda. Vestida con su nagua tradicional, Ilda combina su labor agrícola con la educación de sus hijos, quienes gracias a su trabajo pueden asistir a la universidad.

Con más de una década dedicada al cultivo del café, Salinas ha logrado que dos de sus cuatro hijos cursen estudios superiores: Onelia, de 22 años, estudia educación primaria, y Marcoche, un profesorado en educación media, ambos en la Universidad Autónoma de Chiriquí. Su hijo menor, Abidel, de 18 años, cursa el cuarto año de bachillerato en ciencias. Aunque solo cursó hasta segundo grado de primaria, Ilda tiene un objetivo claro: que sus hijos sean profesionales.

Actualmente, cultiva más de 2,000 matas de café, lo que le permite producir alrededor de 600 libras al año, vendidas a tres dólares la libra. Además, hace un año apostó por la variedad geisha, considerada una de las más finas del mundo, que cultiva en una parcela más alta a dos horas de su hogar. A pesar de las condiciones adversas, supervisa personalmente cada etapa de crecimiento de sus plantas.

Salinas es beneficiaria del programa Red de Oportunidades del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), que apoya a más de 42 mil panameños, principalmente mujeres, mediante transferencias monetarias y capacitaciones en emprendimientos sostenibles. El programa permite a muchas familias garantizar la permanencia de sus hijos en el sistema educativo y desarrollar actividades como avicultura, acuicultura, agricultura, producción de tubérculos y artesanías.

Historias como la de Ilda reflejan los resultados del programa: niños y jóvenes que logran destacarse en la escuela mientras sus familias generan ingresos desde sus comunidades. Ejemplos de ello son Edgar Rodríguez y su hermana Marelis, hijos de Olivia Montezuma, y Yoalys Yarabis Rodríguez, hijo de Mitzila Rodríguez, quienes mantienen promedios destacados gracias al apoyo de Red de Oportunidades.

La experiencia de Ilda muestra que el esfuerzo constante y la inversión en educación pueden transformar la vida de las familias rurales y fortalecer el desarrollo de comunidades enteras.

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