Un jurado de Los Ángeles emitió un fallo histórico al declarar responsables a Meta y Google por operar plataformas de redes sociales consideradas adictivas, en un caso que involucra a una joven que denunció haber sufrido afectaciones en su salud mental durante su infancia por el uso intensivo de estas aplicaciones.
La decisión favorece a una mujer de 20 años, identificada como Kaley, quien demandó a ambas tecnológicas alegando que el diseño y funcionamiento de las plataformas fomentaron una dependencia perjudicial cuando aún era menor de edad.
Tras un juicio que se prolongó por cerca de cinco semanas, el panel de jurados concluyó que tanto Meta como Google construyeron de manera intencional servicios digitales con características adictivas y determinó que estas compañías incurrieron en prácticas marcadas por “malicia, opresión o fraude” en la forma en que gestionaron sus plataformas.
Como parte del veredicto, el jurado ordenó una indemnización total de 6 millones de dólares, de los cuales 3 millones corresponden a daños compensatorios y otros 3 millones a daños punitivos, aunque aún no se descarta que el tribunal pueda definir montos adicionales en este último apartado, de acuerdo con la legislación estatal.
La resolución establece que Meta cargará con el 70% de la responsabilidad, mientras que Google asumirá el 30%, por lo que la empresa matriz de Instagram sería la principal obligada a cubrir la mayor parte del pago.
Durante el proceso, la defensa de Meta argumentó que, aunque la joven atravesó dificultades personales, el uso de Instagram no fue la causa determinante ni tuvo una incidencia sustancial en sus problemas. No obstante, el jurado desestimó esa postura y respaldó la versión de la demandante.
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El fallo es considerado un precedente clave en Estados Unidos, ya que podría influir en cientos de casos similares que actualmente se ventilan en tribunales, donde otras familias acusan a plataformas digitales de haber contribuido a trastornos emocionales, ansiedad, depresión y conductas compulsivas en menores de edad.
La decisión también vuelve a poner en el centro del debate el papel de las grandes tecnológicas frente a la salud mental infantil y adolescente, en momentos en que aumenta la presión pública y legal para exigir mayor responsabilidad sobre los efectos del consumo prolongado de redes sociales.
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