Desde temprano los devotos del Cristo Negro se dirigen a la iglesia de San Felipe en Portobelo, provincia de Colón, dónde cada 21 de octubre congrega a miles de feligreses procedentes de todo el país, en una de las tradiciones religiosas más concurrida de Panamá.

Como “pago a favores concedidos” por el Cristo de Nazareno, para llegar al templo la mayoría de los peregrinos caminan y otros de rodillas cargan cruces pesadas desde distancias muy lejanas.

La imagen sagrada es llevada en procesión en horas de la tarde con su tradicional ritmo de tres pasos adelante y uno atrás.

El obispo de la diócesis de Colón y Guna Yala, Manuel Ochogavia, se refirió que los peregrinos no deben someterse a penitencias que afectan la salud (frotar cera ardiente en la espalda, avanzar de rodillas y arrastrase hasta el altar). También insto a  los padres de familias a no someter a los niños a penitencias, añadió que es una conducta rechaza por la iglesia.

La imagen del Cristo de Portobelo es venerada desde 1658, durante la época colonial; según historiadores panameños el Nazareno estuvo dentro de una caja que fue retirada de las aguas del Mar Caribe frente a Portobelo por pescadores del pueblo, en este lapso la comunidad enfrentaba  una epidemia de cólera que cesó cuando el pueblo le rogó al Cristo protección. 

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