Comparezco nuevamente ante esta Asamblea en nombre de la República de Panamá, una nación cuya propia geografía definió su destino: ser el puente del mundo y conexión de continentes, culturas y mercados.
En un momento de la historia en el que las fracturas políticas amenazan con polarizarse de forma peligrosa, Panamá reafirma su vocación histórica de unir y de buscar entendimientos comunes.
Debo decir que las polarizaciones son acompañadas por una gran masa de personas que sienten que los organismos internacionales se han olvidado de los valores y las prioridades de la mayoría de los ciudadanos.
Me refiero a quienes desean progresar en paz, poder trabajar y regresar a sus hogares de manera segura.
También a quienes defienden la institución de la familia, que tienen su credo y una cultura forjadas durante siglos que, hoy, se pone en tela de juicio.
La mayoría se siente presionada por acciones del multiculturalismo progresista que gran parte de la sociedad no está dispuesta a aceptar de forma cuasi coercitiva.
Se lo dice un presidente que viene de una pequeña gran nación que es un crisol de razas y de herencias culturales que se fusionan en una sociedad abierta al mundo de fuerte convicción de paz. Pero esto se logró a través de los años sin imposiciones, es decir, de forma natural.
Estoy convencido de que la ONU tiene un potencial inmenso en un mundo con tanta volatilidad y tan marcadas asimetrías, pero debe retomar el liderazgo para realizar acciones preventivas y correctivas de manera eficiente.
Soy un hombre que cree y defiende el multilateralismo; estoy convencido de que la paz y la prosperidad de las naciones se deben basar en el derecho internacional como eje rector de las relaciones entre países. Y esos argumentos teóricos también deben expresarse con resultados palpables.
Actualmente debemos reconocer que los ciudadanos no creen que este tipo de encuentros sean beneficiosos para ellos. Aquí radica una de las razones por las que se debe recuperar la confianza. Quiero poner un ejemplo concreto para ilustrar lo que estoy diciendo.
Desde 2021, esta Organización había elaborado escritos, denuncias y recomendaciones sobre la migración ilegal por el Darién. De hecho, instaló una base de ayuda humanitaria en lo que parecía más un campo de concentración en pleno siglo XXI. Pero en términos prácticos, el tránsito de personas aumentó en 2022, avanzó más en 2023 y en el primer semestre de 2024. Es decir, pasó de ser una migración descontrolada a una inmensa migración ilegal con un puesto de control.
Las organizaciones de trata de personas vinculadas al narcotráficoaprovecharon este espacio para transportar más familias. El resultado: mujeres ultrajadas y niños que quedaron huérfanos en una de las mayores catástrofes sociales que recuerde mi país.
A ello debemos sumarle los daños ecológicos producidos en una reserva de biodiversidad como es el Parque Nacional del Darién, usado para dejar desechos de todo tipo por más de un millón de personas.
Desde el primer día supe que debía resolver este asunto de manera individual, porque no estaba en la posibilidad de esta Organización. Por esa razón, al inicio de mi gestión firmé un MOU con el Gobierno de los Estados Unidos. Al final, este era un tema fronterizo de ese país, pero que se desarrollaba en el nuestro.
Fue así como, en el segundo semestre de 2024, con un inmenso esfuerzo de nuestro país logramos un descenso del 50% con respecto al primer semestre del mismo año. En 2025, cuando se implementaron medidas restrictivas en los Estados Unidos y trabajamos con mayor coordinación, la caída fue del 99%.
Esto significó terminar con una de las mayores desgracias humanitarias que haya vivido Panamá en su historia. Pusimos fin a la desintegración familiar y también terminamos con el lucro de criminales, que nunca serán ni derechos ni humanos.
Esta descripción no debe ser vista como una crítica aislada, sino como un punto de inflexión para entender la brecha, cada vez mayor,entre lo que la ciudadanía espera y lo que obtiene de esta Organización, en temas como el de la migración ilegal, por ejemplo.
Señoras y señores: para recuperar la confianza, debemos avanzar juntos en temas centrales que favorezcan a los ciudadanos. El comercio mundial es, sin lugar a dudas, una de las mayores expresiones de la libertad de producir, transportar y comerciar productos de una nación a otra.
Estamos orgullosos de ser un país de conexión para el comercio mundial, de tener el Canal que une océanos, que transporta mercaderías de todos los países, sin distinción alguna, y que es un ícono de la integración.
Esta vía estratégica para el mundo libre sufre, una vez más, las consecuencias del cambio climático. Un hecho que es completamente paradójico, pues somos un país carbono negativo, uno de los pocos en el mundo, pero eso no nos exime de tener que enfrentar fuertes sequías seguidas de lluvias intensas que provocan inundaciones.
Esto nos lleva a una reflexión: existen múltiples ayudas a naciones que se suman al loable objetivo de la descarbonización. Pero nosotros no nos beneficiamos de ayuda económica, a pesar de que retiramos más carbono del que producimos.
Será el propio Canal de Panamá —que creció y se amplió bajo el control de manos panameñas— quien deba hacer frente a una inversión billonaria para desarrollar el proyecto de Río Indio, un reservorio de agua para garantizar el uso del Canal, dar previsibilidad al comercio internacional y abastecer de agua a miles de ciudadanos.
Es tarea también de las Naciones Unidas apoyar proyectos responsables, social y ambientalmente, que representan el progreso real de nuestros países. Es fundamental no ceder ante presiones de organizaciones que buscan la extorsión bajo el disfraz de luchas sociales y se cobijan bajo organismos internacionales, como la OIT,por ejemplo.
Distinguidos delegados: Panamá es un líder global en la conservación de la biodiversidad y la herencia natural como base de nuestro desarrollo sostenible. Somos un país que protege el 33% de nuestro territorio y el 54% de nuestros mares.
El año pasado anunciamos aquí nuestro Pacto con la Naturaleza y el Fondo Panamá Natural, iniciativas en las que ya estamos avanzando. Hoy anuncio que Panamá liderará, a nivel internacional, un esfuerzo para reconocer los Derechos Universales de la Naturaleza. Les pido a todos que nos acompañen en esta iniciativa.
Como Jefes de Estado sabemos bien que la confianza no se decreta mediante resoluciones; la confianza se gana en el terreno, cuando las instituciones cumplen, cuando el derecho internacional se aplica sin selectividad y cuando los pueblos comprueban que el sistema multilateral se traduce en acciones concretas.
Creemos firmemente en un multilateralismo útil, que no sea un fin en sí mismo, sino una herramienta eficaz para el crecimiento, el desarrollo de los pueblos y la preservación de la paz.
Lo que ocurre en el estrecho de Ormuz es una clara muestra de las fallas en la aplicación del derecho internacional, de la imposibilidad de llevar soluciones ante los primeros síntomas de crisis y del perjuicio global que esta situación está provocando.
Sería muy conveniente para mí no hablar de este tema, pues el Canal de Panamá se ha beneficiado con un mayor tránsito de buques. Pero nunca me ha guiado un espíritu egoísta ni mucho menos especulativo.
La realidad es perjudicial, no solo por los ataques a inocentes, como la tripulación de buques comerciales. Lo es también para millones de personas a quienes se les encarece los alimentos; agricultores que pagan más para fertilizar sus tierras y trabajadores a los que les aumenta el combustible que usan para transportarse, generando inflación: el impuesto más regresivo que existe.
Veo esto con justa indignación desde el punto de vista panameño, pues somos férreos defensores de la soberanía nacional, pero también tenemos un Tratado de Neutralidad del Canal, de rango constitucional, que fue, es y será la garantía del libre comercio y la equidad de esta vía ante todas las naciones del mundo.
Como ven, Panamá no solo predica estos principios, sino que trabaja activamente para que funcionen.
En diciembre próximo, nuestro país culminará su mandato como miembro no permanente del Consejo de Seguridad. Al asumir este alto honor nuestra premisa fue clara: no fuimos al Consejo a escoger bandos, fuimos a defender principios.
La soberanía, la integridad territorial, la solución pacífica de las controversias y la protección de los civiles son las reglas que protegen la existencia misma de los Estados, especialmente de los más pequeños.
Deseo reiterar ante esta Asamblea General la necesidad de que América Latina y el Caribe ocupan lugares con mayor poder de decisión en el Consejo de Seguridad. Somos una región protagonista en alimentos, minerales, biodiversidad y en una profunda convicción de paz e integración.
Nuestra conclusión es inequívoca: el mundo no necesita menos Naciones Unidas, necesita una Organización de las Naciones Unidas que funcione mejor, que actúe con diplomacia preventiva y que pueda entregar resultados concretos en el corto plazo.
Estamos en un momento bisagra de nuestra historia: la elección de quien ocupe la Secretaría General será clave para determinar la nueva agenda y la generación de una confianza fuerte y duradera, entendiendo el nuevo equilibrio mundial.
Por ello sostenemos que la guerra en Ucrania debe finalizar mediante el diálogo y la diplomacia formal. En el Medio Oriente, buscamos una paz perdurable que pueda ser la base definitiva entre naciones que busquen armónica convivencia con el mundo libre.
En el plano regional, reiteramos el pedido del fortalecimiento de la democracia participativa en toda América Latina y el Caribe, que será posible en el marco del respeto a las elecciones libres, abiertas y transparentes.
En cuanto a la seguridad en nuestra región, seguiremos trabajando en coordinación con nuestros aliados en la lucha contra el narcotráfico, fuente de violencia y desintegración social. Apoyamos de manera categórica al Gobierno de Colombia en sus acciones para disminuir la producción de cocaína.
Señoras y señores: en un planeta marcado por la competencia estratégica de las grandes potencias, Panamá elige, por historia y por convicción, seguir siendo el punto de encuentro donde la humanidad edifique un futuro de paz y desarrollo compartido.
Somos una nación que recibe personas de distintas culturas, que recibe aves migratorias, ballenas, barcos y contenedores de todo el mundo.
Panamá es anfitrión del mundo e invita a todas las naciones libres que quieran la prosperidad de sus pueblos y que deseen ser más globales en el comercio, pero más autónomas en las decisiones sobre sus valores y tradiciones, a trabajar juntas.
También somos anfitriones de las inversiones, con una nueva etapa de desarrollo nacional para mejorar la logística mundial: El gasoducto del Canal de Panamá; las concesiones de cinco puertos, entre ellos dos de los tres mayores de América Latina; y la expansión de los servicios de Petroterminal, un activo estratégico para el trasiego de hidrocarburos desde el Océano Atlántico al Pacífico, recientemente adquirido por Panamá en su totalidad.
Como fue puesto de manifiesto en este discurso, sea en el comercio mundial, en las inversiones, en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo; en el respeto a la soberanía y la paz, todos los paísesmiembros de la ONU cuentan con Panamá.
Muchas gracias.





